Quién me iba a decir a mí…

Quién me iba a decir a mí…


...a Juan Manuel Cuesta de los Ríos Martínez,
modelo del año 1975, resistente, duradero y con recambios aún disponibles,
que después de sobrevivir a los 80, a los 90, a las primeras máquinas automáticas,
y a los clientes que echaban leche en el depósito del agua,
iba a estar hoy aquí, en Daganzo, reflexionando un domingo como si fuera Paulo Coelho…
pero con más cafeína y menos paz interior.

Porque hoy, mientras me tomo mi café dominguero —ese que te pega un viaje suave, como “despiértate pero sin violencia”—me ha dado por pensar:

👉 He unido a más personas que el Metro de Madrid.
👉 He creado más amistades que un perro sociable en un parque.
👉 Y todo… sin pretenderlo.


Solo repartiendo café.
Como un Cupido, pero de la cafeína.
Un “Cafépido”.
(Ojo ahí, que eso es marca registrada desde ya.)

Y claro, después de 25 años viendo de todo —y cuando digo TODO es TODO—
desde oficinistas intentando abrir cápsulas con llaves del coche,
hasta reuniones que parecían The Walking Dead sin presupuesto,
he llegado a una conclusión de filósofo dominguero:

El café une más que un “¿Quedamos a tomar algo?”
Porque “algo” puede ser cualquier cosa.
Pero café… café es compromiso.
Es promesa.
Es respeto.

Refrán dominguero recién inventado:
“Quien comparte café, comparte drama… y se lo quita antes.”

Y es verdad.
Gracias al café he conocido a gente increíble, clientes que ya son amigos,
y amigos que, si les quitas el café, también se convierten en clientes…
pero del infierno 😄.

A veces pienso que el café no solo despierta a las personas…
sino también la vida entera.
Y ahí he estado yo:
entre máquinas, cápsulas, zombis matutinos, dos hijos maravillosos, y una mujer de #Úbeda que tiene más arte que paciencia cuando me ve trasteando cafeteras el domingo.

Y aquí sigo:
Camello del café.
Unión humana desde 1975.
Dosis legal desde siempre.

Feliz domingo, familia.
Que vuestro café esté fuerte,
y vuestros problemas… descafeinados. ☕🐪🔥